Textos interesantes:
El Mago de Oz:
El Mago de Oz se ha mantenido popular por años. Personas de todas las edades han aprendido lecciones morales de Dorothy, el Espantapájaros, el Hombre de Lata, y el León Cobarde mientras viajaban por el camino de ladrillos amarillos. Por supuesto, en el argumento el gran enemigo a vencer es la Bruja Malvada del oeste. El mal se ilustra claramente y el bien lo vence.
Sin embargo, un nuevo musical de Broadway ha trastocado el sentido moral de la historia original, poniéndolo de cabeza. En esta nueva versión de la historia, a la bruja malvada se la presenta como un personaje cordial. Como nació con la piel verde, ella se siente una intrusa. Los personajes principales, los argumentos, los papeles, y otros detalles se alteran para que la bruja malvada sea realmente tan sólo una persona malentendida. El público podría irse con la idea de que lo malo es bueno y lo bueno es malo.
Durante el ministerio del profeta Isaías, los valores morales se invirtieron en Israel. Algunos, de hecho, elevaron los actos malvados de asesinato, idolatría y adulterio a la categoría de buenos. En respuesta a ello, Isaías les hizo una severa advertencia: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!» (Isaías 5:20). En nuestro mundo relativista, la cultura popular constantemente desafía los valores bíblicos. Pero estudiar, memorizar la Palabra de Dios y meditar en ella puede garantizar nuestro discernimiento entre lo bueno y lo malo.
No te esfuerces por la corona:
Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 1 Corintios 9: 25.
En los tiempos de Pablo, como en los nuestros, las olimpiadas eran muy estrictas. Un atleta podía ser descalificado si no contaba con diez meses estrictos de completa preparación. En esos diez meses de entrenamiento, el atleta tenía que olvidarse de todos los placeres. La palabra griega que Pablo utiliza en nuestro versículo de hoy es agonizomai, que significa “agonizar”. El atleta agonizaba para poder obtener la victoria. La preparación implicaba abstenerse de todo lo que no ayudara a cumplir el objetivo deseado. Los atletas debían tener el respaldo de diez meses de dominio propio, y si cumplían con esto, era muy probable que obtuvieran un buen lugar en la carrera.
Recordamos a Janet Evans, la niña prodigio de la natación estadounidense. En el mes de marzo de 1988 se convirtió en la primera nadadora en romper la barrera de los dieciséis minutos en la prueba de los 1,500 metros libres. Y en los Juegos Olímpicos de Seúl, de 1988, se convirtió en la reina de la piscina. Ganó tres medallas de oro. ¿Cómo lo hizo? Agonizando. Completó más de 250,000 vueltas de la carrera de su especialidad. (Citado por Jack Canfield, The Success Principie, p. 132).
Con esto el apóstol quiere decir que lo mismo se requiere para obtener la victoria en la carrera cristiana. La lucha de la fe es agonizante. Lo mismo debe ocurrir en la vida del cristiano. Es decir, es preciso luchar por todos los medios para perseverar en la disciplina y cumplir el objetivo principal: ser como Jesús. Esta disciplina debe incluir todo nuestro ser cuerpo, mente, y espíritu.
Ya sabemos que el premio que los atletas ganaban en las olimpiadas de aquel entonces era una corona de hojas de laurel. Incluso en algunos lugares era una corona de hojas de apio. Divertido, ¿verdad? A veces las hojitas ya estaban marchitas cuando le ponían la corona al campeón. No es extraño que Pablo haya dicho que era una corona corruptible.
Pero la corona no era lo importante. Como en los tiempos modernos, la victoria implicaba la fama, el prestigio, y, en la mayoría de los casos, la fortuna. La corona no era más que un símbolo de victoria. Como hijos de Dios, no debemos luchar y esforzarnos por la corona, sino por la victoria.
Ningún premio será más grande que el abrazo y las palabras de Jesús: «Bien hecho mi hijo querido». Esto nos dará un gozo inefable y glorificado por toda la eternidad.
Un padre llevó a su hijito por un paseo largo en el bosque. Como era pequeño le llevaba sobre sus hombros por mucho rato. Luego le puso sobre sus pies y le dijo que tendría que caminar hasta la casa. Al rato el pequeño lloraba porque estaba muy cansado, demasiado cansado para tomar un paso más.
El padre cortó un palito y lo limpió muy bien de toda astilla mientras el niño observaba. Al terminar, dijo: “Mira, hijo, te presento con tu propio caballito para que te lleve a casa.”
Encantado, el niño se montó sobre su “caballito” y felizmente llegó a su casa. Y en casa dio vueltas por todo el jardín hasta que tuvo que ir a bañarse y acostarse, ya rendido.
A veces nuestro Padre nos lleva y a veces nos deja caminar, y muchas veces creemos que ya no podemos más cuando alguien, movido por El, nos ofrece un caballito - una idea, una promesa, una canción nueva, un cariño, una oración intercesora, lo que sea, y sobre ese corcel llegamos a la meta.
¿Necesitan un caballito? ¿Otro hermano está necesitando un caballito? Ofrezcámoselo con ternura, recordando nuestro propio cansancio a veces. Eso hace toda la diferencia para un pequeño hermano.
Aprendamos a identificar cuando esos caballitos de madera vienen por parte de Dios para entretenernos e impulsarnos para luego descansar en la noche con la satisfacción de habernos divertido con el caballito.
El impacto de la oración:
Cuando un matrimonio de Nueva Jersey supo que un hombre había salido de la cárcel y se había mudado a su vecindario, comenzaron a orar por él. Luego le visitaron y abrieron su hogar para un desayuno semanal para ex-criminales como él. Ahora, 22 años después, los hombres más despreciados de la zona cuentan con un lugar para ir donde les acogen y respetan.
¿Qué sucedería si cumpliéramos literalmente el mandamiento de Jesús de amar a nuestros enemigos y orar por aquellos que nos persiguen? ¿Y si se nos llegara a conocer por acercar el cielo a los marginados y a las personas desagradables?
En Apocalipsis, el apóstol Juan prevé una conexión directa entre el mundo visible y el invisible. En un momento culminante de la historia, el cielo queda en silencio. Siete ángeles se ponen de pie con sus trompetas, esperando. Impera el silencio, como si todo el cielo estuviera escuchando de puntillas. Luego, un ángel recoge las oraciones del pueblo de Dios en la tierra —todas las oraciones acumuladas de alabanza, lamento, abandono, desesperación, ruego, etc.— las mezcla con incienso y las presenta delante del trono de Dios (8:1-4). El silencio finalmente se rompe cuando las fragantes oraciones son arrojadas a la tierra: desatando una tormenta de «truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto» (v. 5).
El mensaje es claro. Las oraciones son esenciales en la victoria final sobre el mal, el sufrimiento y la muerte.
Era un hermoso día a principio de Junio. El mundo entero rebozaba de vida y de color. Todos los árboles le gritaban al mundo que había llegado la nueva vida anunciándolas con sus verdes brillantes. El cielo era de un azul límpido, salpicado de blancos copos de nubes. Y la profusión de rosas llenaba todo de color.
El papá y su hijita Rebeca decidieron dar un paseo por el prado en aquella mañana de primavera. Bajo la ventana, respiro profundamente el aire fresco y salió por el camino desértico.
A los pocos kilómetros, el papá noto que Rebeca estaba irritada. ¿Que pasa, querida?, le pregunto amablemente. Hay una abeja, papi. ¡Haz algo!…
Rebeca era tremendamente alérgica a la picadura de abeja y tenia que llevar siempre consigo una medicina. Pero, aun estando preparada, la picadura era para la pequeña una experiencia aterradora y quería evitarla por todos los medios.
Mientras el papá paraba el automóvil, miro a Rebeca notando el terror que se había apoderado de ella. Estaba frenéticamente palmoteando el aire mientras la abeja revoloteaba sobre su cabeza.
Y todo se acabo tan pronto como había comenzado. Papi, ¿que paso con la abeja?, no la oigo mas. Rebeca movía los ojos para todos los lados esperando ver la abeja posada en algún lugar, lista para atacar. Pero la abeja había desaparecido. Ya me encargue de ella, querida, ¿ves?
Aterrorizada, Rebeca vio como su papá abría el puño cerrado y la abeja revoloteo un poco dentro del auto antes de salir por la ventanilla. Papi, ¿por que soltaste esa cosa horrible dentro del auto?, ¡me podía haber picado!
No, Rebeca, Una vez salida de mi mano ya no era peligrosa para ti. ¿Ves?. Cuando la agarre, me pico a MI, Mira la picadura en mi mano. Así han sido creadas las abejas. Pueden picar una sola vez y luego salen volando para morir”.
Jesús tomo el aguijón de la muerte en lugar nuestro. Porque él murió, aquellos que confiamos en la salvación de él, tenemos la seguridad que el cielo es nuestro destino final. Así es, a no ser que Jesús venga primero, vos y yo algún día moriremos. Demos gracias a Dios que nos ha dado la victoria sobre la muerte por medio de Jesucristo. ¿No me crees?.
Solamente tienes que mirar las palmas de las manos de Jesús. Todavía podes ver las marcas donde la muerte lo aguijoneo a él.
Durante años, los profesionales de marketing han sabido que la recomendación de algún producto por parte de un amigo se encuentra entre los medios de publicidad más efectivos. Esa es la razón por la que muchas grandes compañías reclutan a consumidores que reciben muestras gratis de sus productos animándoles al mismo tiempo a que recomienden estos productos a sus familiares y amigos. Una de las principales corporaciones de los Estados Unidos periódicamente envía cupones y productos a 725.000 personas seleccionadas a las que llama «conectores», quienes pasan la voz a los demás.
El Evangelio de Jesucristo es más que un producto. Es el gran plan de Dios para llevar a las personas a una relación viva y vital con Él. Pero la manera más efectiva de transmitir el Evangelio es dar ejemplo y correr la voz. Pablo elogió a los cristianos en Tesalónica por su ejemplar manera de vivir y su testimonio efectivo: «Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor… vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada» (1 Tesalonicenses 1:8). Debido a que sus vidas habían cambiado radicalmente (v. 9), les era imposible mantener silencio en cuanto a su fe.
Un profesor universitario que capacita a profesionales de la publicidad dice: «Forma parte de la naturaleza humana hablar acerca de lo que nos emociona». La gracia de Dios es todo el incentivo que necesitamos para recomendar a nuestro Salvador a algún amigo.
Amad, pues a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando de ellos nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Lucas 6:35.
Es algo muy humano dar algo a otras personas con la esperanza de recibir en algún momento futuro algo a cambio de lo que damos.
Debido a la expectativa de ser retribuidos, damos a aquellos con quienes simpatizamos y que son nuestros amigos.
Pero la enseñanza de Jesús contradice ese principio humano.
Él enseñó a sus discípulos a amar a sus enemigos sin esperar recibir nada.
Es decir, Jesús dice: «Da amor al que más te odia, sonríe a esa persona que ni siquiera desea verte, sé cortés con los rudos y descorteses, elogia al que te critica, bendice al que te maldice».
Jesús fue el modelo de cómo tratar con amabilidad a los que nos persiguen para hacernos mal. El abre la puerta de su corazón de par en par para recibir a todos los seres humanos. A quienes lo aman, y también a quienes lo desprecian; a quienes lo reconocen como el Señor, y a quienes lo niegan; a quienes lloraban por él, mientras le crucificaban, y a quienes se mofaban y le escupían en el rostro; a quienes lo acompañaban en su dolor, y a quienes lo clavaban en la cruz.
Él instruyó a sus discípulos a mostrar gracia a sus adversarios con la esperanza de que sus enemigos llegaran a ser, algún día, sus amigos.
Aunque a menudo los conflictos con las personas parecen insuperables, el poder y la gracia de Dios pueden hacer cosas más allá de lo que podemos imaginar. Los discípulos comprobaron esta verdad cuando Saulo, el perseguidor de los cristianos, se convirtió en Pablo, el amigo de Jesús y de su iglesia.
Habiendo recibido esta gracia, Pablo escribió: «Porque el siervo del Señor no debe de ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, que con mansedumbre corrija a los que se oponen» (2 Tim. 2: 24, 25). Dios espera que hoy tratemos a otros con amor y con espíritu perdonador para que puedan ser salvos, que seamos amables y gentiles con todos. Y por favor, no creas que esto sea una opción. Es el requisito para ser «hijos del Altísimo».
Cuando Jesús venga, solo reconocerá como hijos suyos a quienes hicieron lo que él mandó:
«Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos» (Mat. 5:44,45)
La Ardilla: Adán y Eva
El comedero para aves atado a la ventana de mi oficina está justo fuera del alcance de las ardillas. Pero una ardilla se ha planteado como misión especial obtener las semillas que son para los pájaros. Al ver a sus diminutos vecinos mordisquear ruidosamente la abundante provisión, la ardilla está obsesionada con disfrutar del mismo placer. Ha tratado de llegar al comedero desde todos los lados, pero sin éxito. Se abrió paso trepando por el marco de madera de la ventana hasta llegar a tan sólo unos cuantos centímetros del comedero, pero cayó por el vidrio resbaladizo. Trepó por las delgadas ramas del arbusto forsitia, y llegó tan al borde que cayó al suelo.
Los incansables intentos de la ardilla por obtener lo que no ha sido preparada para ella nos traen a la memoria a un hombre y una mujer que tomaron alimento que no había sido provisto para ellos. Ellos también sufrieron una caída; una caída tan severa que causó un profundo dolor a toda la raza humana. Debido a su desobediencia y a que tomaron un alimento que Dios les había dicho que no comieran, el Señor les puso donde ya no pudieran alcanzarlo. Como resultado de dicha desobediencia, ellos y sus descendientes ahora debemos trabajar duro para obtener lo que originalmente Dios había dado como un regalo: el alimento (ver Génesis 2–3).
Que nuestro deseo por tener lo que Dios ha mantenido fuera de nuestro alcance no nos impida disfrutar lo que sí nos ha dado (Hebreos 13:5).
¿Conoces tu al Señor?:
«¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú; “Muéstranos el Padre”?» Juan14: 9La pregunta que Jesús le hizo a Felipe bien podría hacérnosla a nosotros también: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?» Felipe no tenía excusa para no conocer a su Maestro. Había vivido con él tres años y medio.
Jesús reprendió a Felipe por dos cosas:
Primero, por no haber mejorado su relación con él durante los tres años y medio que habían pasado juntos. Debería haber alcanzado un profundo conocimiento de Jesús. Sin embargo, por su propia confesión, no lo conocía. Dios desea que lo conozcamos en una relación íntima y personal. Él se ha revelado y ha proporcionado una manera de conocerlo a través del sacrificio de su Hijo, Jesucristo. Cuando Felipe y sus compañeros vivieron con Jesús durante tres años y medio, vivieron con el Padre, porque Jesús y el Padre, son uno. Desde el primer día que Felipe conoció a Jesús dijo que lo reconocía como el Mesías (Juan 1: 45). Sin embargo, al final, dijo que no conocía al Padre.
Muchos que tienen un buen conocimiento de las Escrituras y de las cosas divinas, pero que no obtienen el conocimiento esencial que se espera de ellos, no conocen a Dios por experiencia. No conocen lo que se espera que conozcan de él. Recordemos que cuanto más tiempo hace desde que conocemos a Jesús, más se espera que los conozcamos en una escala más profunda. Cristo espera que nuestra experiencia con él esté en proporción con los privilegios que nos ha dado.
En segundo lugar, Jesús reprende a Felipe porque todos los que han visto a Jesús por la fe han visto al Padre en él, aunque de repente no sean conscientes de haberlo visto. A la luz de la doctrina de Cristo, vieron a Dios como el Padre de las luces; en los milagros vieron al Padre como el Dios de poder. La santidad de Dios brilló en la inmaculada pureza de la vida de Cristo, y su gracia en todos los actos de gracia realizados por el Salvador.
El verdadero problema es que estamos acostumbrados a vivir con un Dios “de lejos”, como se dice habitualmente. El Dios que sana al enfermo y restaura la vida de sus criaturas nos hace una invitación importante hoy. Nos invita a experimentarlo personalmente. Nos invita a hacer una realidad de su presencia en nuestra vida, a conocerlo de verdad. Creamos esta promesa hoy, pues, de lo contrario, hacemos a Dios mentiroso.
Cada paso cuenta:
Amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días. —Deuteronomio 30:20
En un centro comercial en Coventry, Inglaterra, los investigadores colocaron coloridos anuncios a lo largo de las barandillas de una escalera que decían: «Subir las escaleras protege su corazón». A lo largo de un periodo de seis semanas, el número de personas que eligieron subir las escaleras tradicionales en vez de las escaleras mecánicas que había al lado se elevó a más del doble. Los investigadores dicen que cada paso cuenta, y que el comportamiento a largo plazo sólo cambiará si los anuncios se ven con regularidad.
La Biblia está llena de «anuncios» que nos instan a obedecer al Señor y seguirle incondicionalmente. Justo antes de que el pueblo de Dios entrara en la Tierra Prometida, Dios le dijo: «Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;… escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días» (Deuteronomio 30:15,19-20).
Muy a menudo esperamos que nuestras vidas cambien por medio de un gigantesco salto de fe, una profunda decisión, o algún acto significativo de servicio. En realidad, la única manera en que cambiamos es dando un paso cada vez; y cada paso cuenta.
Prestemos hoy atención a los anuncios y demos un paso de obediencia sincera hacia el Señor.
Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. —1 Tes. 2:7
Don Jack quería saber cómo era la vida de los que no tenían hogar. Así que ocultó su identidad y se fue a vivir a las calles de su ciudad.
Descubrió que muchas organizaciones ofrecían alimento y refugio. Se enteró de que podía pasar la noche en uno de los albergues si, antes, escuchaba un sermón.
Así lo hizo, agradeció el mensaje del orador invitado y quiso hablar con él después. Pero, cuando Don Jack se acercó para estrecharle la mano y preguntarle si podía hablar con él, éste pasó por su lado como si no existiera.
Don Jack supo que lo que más faltaba en el ministerio a los que no tenían hogar en su localidad era personas que estuvieran dispuestas a formar relaciones.
Así que comenzó una organización llamada el Centro de los Siervos para ofrecer ayuda por medio de la amistad.
Lo que Don encontró en el albergue fue lo opuesto a lo que experimentaban las personas cuando escuchaban al apóstol Pablo. Cuando él compartía el Evangelio, se daba a sí mismo también.
En su carta a los tesalonicenses dio testimonio de lo siguiente: «Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos» (1 Tesalonicenses 2:8). Dijo también: «Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza» (v. 7).
En nuestro servicio para el Señor, ¿compartimos no sólo nuestras palabras o dinero, sino también nuestro tiempo y nuestra amistad?
Cuando Dios esta de duelo:
Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos. Apoc. 5: 8Es un tema constante en todas las Escrituras: Dios nos anima a vivir una vida de oración. ¿Por qué insiste Dios tanto en la oración, como algo que necesitamos desesperadamente, como el aire que respiramos? ¿Porque necesita saber lo que falta para suplirlo? ¿O desea saber qué problemas tenemos para resolverlos? La respuesta a estas preguntas sería negativa. Dios conoce todas las cosas incluso antes de que ocurran, o antes de que le pidamos algo. Nuestro texto de hoy dice que oraciones de los hijos de Dios son perfume agradable delante del Señor, que alegran su corazón. Escuchar nuestras oraciones produce alegría en el cielo. Nos pide insistentemente que oremos, porque le agrada escuchar nuestra voz, le agrada conversar con nosotros, porque no quiere que nos olvidemos de él.
Cuando dejamos de orar, el corazón de Dios está de luto. Sufre porque lo hemos olvidado, por la distancia que hemos puesto entre él y nosotros, por nuestra ausencia. Cuando Dios nos invita a orar, nos invita a volver a casa. Porque si no oramos es como si viviéramos en un país lejano y Dios no tuviera noticias de nosotros. Pero cada vez que ¡Oramos es como si volviéramos a nuestro hogar, el hogar del cual nos separó el pecado. Orar es una invitación a visitar la sala del trono, donde llegan nuestras oraciones Como perfume agradable. Orar es como entrar al corazón de Dios, donde, con toda confianza y comodidad, podemos conversar tranquilamente. Es una invitación a la Cocina de su amistad, al comedor de su confianza, para departir como buenos amigos. Orar es una invitación a la biblioteca de su sabiduría, para que llenemos nuestra mente de la inteligencia del cielo. Orar es una invitación a la intimidad, donde le abrimos nuestro corazón y no le ocultamos nada, donde podemos ser vulnerables y libres.
Por causa del pecado, nos ha tocado la desgracia de vivir lejos de nuestra patria. Vivimos en un país lejano, donde nos atropellamos unos a otros, un lugar de carreras, de empujones, de tira y aflojas; un país de terrores, de frustraciones, amenazas y angustias. ¡Qué bueno es saber que el propósito principal de la oración no es presentar una lista de peticiones y necesidades urgentes! La oración es, más bien, un vehículo que me lleva a casa, al hogar de serenidad, paz y gozo, donde hay mil respuestas a uno solo de; nuestros problemas.
Cae hoy de rodillas y viaja a tu hogar, tu eterno hogar.
El Templo de Dios:
El templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. 1 Corintios 3:17
En periodismo, el término portero hace referencia a los periodistas, redactores y editores que consideran diversos artículos y determinan qué historias son dignas de hacer noticia. Algunos experimentados profesionales de las noticias advierten que Internet permite que pase la información sin que ésta haya sido verificada en la puerta.
En tiempos del Antiguo Testamento, los guardianes cuidaban el templo para evitar que los inmundos entraran en él (2 Crónicas 23:19). En el año 70 d.C. el ejército romano del emperador Tito destruyó el templo. Pero la destrucción había comenzado años antes cuando los levitas asignados para cuidarlo no lo hicieron después de caer bajo la corrupta influencia del rey sirio Antíoco IV.
Pablo llamó a nuestros cuerpos el «templo» de Dios (1 Corintios 3:16-17), y hay muchas fuerzas obrando para atacar la nueva morada de Dios. El mal puede lograr un punto de apoyo atravesando áreas no fortificadas de nuestra vida espiritual —lugares donde la envidia, los conflictos, o las divisiones pueden socavarnos (3:3).
Cada uno de nosotros debe estar en guardia contra el enemigo de nuestras almas y jamás darle lugar al diablo (Efesios 4:27).
Los criterios para lo que puede entrar se encuentran en Filipenses 4:8: todo lo verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buen nombre, de virtud y digno de alabanza.
La paz que resulta guardará la puerta de nuestros corazones y de nuestras mentes.
Seamos imitadores de Dios:
Es fácil que en medio del acarreo de 70 piezas de equipaje, un piano electrónico y otros equipos de un aeropuerto a otro y de un autobús a otro, nos preguntemos: «¿Por qué estamos haciendo esto?»
No es fácil llevar a 28 adolescentes en un viaje ministerial de once días a un país al otro lado del océano. Pero, al final del viaje, nuestro conductor de autobús, quien nos había llevado por toda Inglaterra y Escocia, tomó el micrófono del vehículo y con lágrimas les agradeció a los muchachos y a las muchachas por lo maravillosos que habían sido. Más tarde, cuando llegamos a casa, él nos escribió un correo electrónico para decirnos lo mucho que apreció las tarjetas de agradecimiento que los jóvenes le habían escrito —muchas de las cuales contenían el Evangelio. Aunque los estudiantes ministraron a cientos por medio de canciones durante el viaje, tal vez fue el conductor del autobús quien recibió el mayor beneficio de la actitud de los jóvenes que imitaban a Cristo. En Efesios se nos dice que seamos imitadores de Dios y que andemos en amor (Efesios 5:1-2). Los demás ven a Dios en nosotros cuando nos mostramos amor unos a otros (1 Juan 4:12). El conductor de autobús vio a Jesús en los estudiantes y les dijo que ellos podían perfectamente convertirle a la fe en Cristo. Tal vez fue por este hombre que hicimos ese viaje. ¿Por qué haces lo que haces? ¿En la vida de quién estás causando efecto?
Algunas veces no es a la audiencia a la que nos dirigimos a la que le causamos el mayor impacto. Algunas veces es a los conductores de autobús del mundo.
Jesús, nuestra calma:
Me río cada vez que escucho un anuncio en la radio en el que una mujer le grita a su amiga mientras conversan. Ella está tratando de hacerse oír por encima de los ruidos de la tormenta eléctrica en su propia cabeza. Desde que una tormenta destruyó parte de su hogar, todo lo que la mujer escucha es la tormenta porque su compañía de seguros no atiende a sus reclamos.
Yo he escuchado tormentas en mi cabeza y tal vez tú también. Sucede cuando surge una tragedia que nos afecta a nosotros, a alguien cercano a nosotros, o a alguien de quien escuchamos en las noticias. Nuestras mentes se convierten en una tempestad de preguntas del tipo «¿qué pasaría si?». Nos centramos en todos los malos resultados posibles. Nuestro temor, nuestra preocupación y nuestra confianza en Dios se balancea mientras esperamos, oramos, lloramos por la pérdida y nos preguntamos qué hará el Señor.
Es natural que estemos temerosos en una tormenta (ya sea literal o figurativamente). Los discípulos tenían a Jesús justo allí en la barca con ellos, y sin embargo tuvieron miedo (Mateo 8:23-27). Él calmó la tormenta como una lección para mostrarles quién era —un Dios poderoso que también cuida de ellos.
Desearíamos que Jesús siempre calmara las tormentas de nuestra vida así como calmó la tormenta para los discípulos ese día. Pero podemos encontrar momentos de paz cuando estamos anclados a la verdad de que Él está en la barca con nosotros y que Le importamos.
¿Qué estas poniendo primero en tu vida?:
El líder de un seminario quería explicar algo importante, así que tomó una jarra de boca ancha y la llenó de piedras. «¿Está la jarra llena?» preguntó. «Sí» fue la respuesta. «¿De veras?» volvió a preguntar. Luego echó guijarros más pequeños en la jarra para llenar los espacios entre las piedras. «¿Está llena ahora?» «Sí» dijo alguien más. «¿De veras?» Entonces llenó los espacios restantes entre las piedras y los guijarros con arena. «¿Está llena ahora?» preguntó. «Probablemente no», dijo otra voz, para diversión de los asistentes. Luego tomó un jarro de agua y lo vertió en la jarra.
«¿Cuál es la lección que aprendemos de esto?» preguntó. Un ansioso participante levantó la voz: «No importa cuán llena esté la jarra, siempre hay espacio para más». «No exactamente», dijo el líder. «La lección es: para hacer caber todo en la jarra, hay que poner las cosas grandes primero».
Jesús proclamó un principio similar en el Sermón del Monte. Él sabía que desperdiciamos tiempo preocupándonos por las pequeñeces que parecen muy urgentes y que no reparamos en las cosas grandes de valor eterno. «Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas», Jesús les recordó a Sus oyentes. «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:32-33).
¿Es Jesús suficiente?:
¿Es Jesús suficiente? Esa es una pregunta que muchos cristianos necesitan hacerse. Tienen abundancia de posesiones materiales; pero, ¿dependen estos creyentes de Jesús? ¿O de sus cosas?
Si bien las Escrituras no condenan tener riquezas en tanto se tenga las prioridades en orden y se trate las necesidades de los demás, aquellos de nosotros con relativa riqueza debemos recordar que Jesús —y no las riquezas— es quien nos sustenta.
El apóstol Pedro nos ayuda con esto al relatar la historia del cojo que pedía limosna en la puerta del templo en Jerusalén. Este hombre le pidió dinero a Pedro, pero el apóstol le respondió: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda» (Hechos 3:6).
El hombre que yacía a la puerta ese día pensó que el dinero era la respuesta a sus problemas, pero Pedro le mostró que la respuesta era Jesús. Y sigue siéndolo.
Leí acerca de un grupo de cristianos chinos que tienen mucho que enseñarnos mientras buscan difundir el Evangelio en su patria y más allá de sus fronteras. Estos creyentes dicen: «No podemos darnos el lujo de financiar grandes programas o elaboradas presentaciones del Evangelio. Jesús es todo lo que tenemos para darles a las personas».
Jesús es suficiente para nuestros hermanos y hermanas en China. Él es suficiente para los pobres. ¿Es Él suficiente para ti?
Hay una batalla en el cielo:
Philip Pullman es un talentoso escritor de libros de historias fantásticas. Su trilogía de La Materia Oscura incluye La brújula dorada, La Daga y El catalejo lacado, y es muy popular entre los lectores jóvenes. Pero debajo de la superficie de estos personajes cordiales y argumentos secundarios persuasivos hay un propósito siniestro. La historia culmina con una gran batalla contra Dios.
En estos libros, Pullman ve la caída de Satanás como una causa justa para la independencia personal del control «tiránico» de Dios. ¡Él insinúa que el intento de Satanás por usurpar el trono de Dios era lo correcto!
En el libro de Apocalipsis leemos acerca del fin de los tiempos: «Después hubo una gran batalla en el cielo… y Satanás… fue arrojado a la tierra» (Apocalipsis 12:7-9). Esa batalla futura va precedida de un conflicto terrenal en nuestras mentes.
Debemos reconocer a Satanás por lo que es: un mentiroso (Juan 8:44). Su estrategia es tomar las palabras de Dios, sacarlas de contexto y torcerlas hacia la falsedad (Génesis 3:1-7). Nuestra mejor defensa contra él es aferrarnos firmemente a la verdad de la Palabra de Dios (Efesios 6:10-18).
Nuestro Padre celestial «no quiere que ninguno perezca» (2 Pedro 3:9); pero tampoco nos va a obligar a obedecerle. Él nos deja esa elección a nosotros.
Procura ser el discípulo más honesto:
Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidias.
Romanos 13: 13
Entre todos los seres humanos, los discípulos de Cristo deben ser las personas más honestas. El Dr. Ben Carson, famoso neurocirujano cristiano, cuenta lo que ocurrió un día que tuvo que hacer un examen final de psicología por segunda vez, junto con sus compañeros, en
la Universidad de Yale. La profesora dijo a los estudiantes que las respuestas del examen anterior se habían quemado accidentalmente y que, por lo tanto, tendrían que hacerlo de nuevo. Después de repartir los nuevos exámenes a los 150 alumnos, salió de la sala.
Antes de que Ben leyera la primera pregunta, escuchó que alguien susurraba con voz audible:
—¿Están bromeando?
No muy lejos de donde estaba, escuchó a una señorita que decía:
—¡Olvídenlo! Salgamos y busquemos las respuestas.
Así que ella y su amiga salieron silenciosamente del aula. Inmediatamente las siguieron otros tres. Más y más alumnos siguieron desapareciendo hasta que la mitad de la clase se había ido. Curiosamente, ninguno entregó su examen antes de salir.
Ben no podía creer las preguntas. No solo eran increíblemente difíciles, sino imposibles de responder. Si bien todas contenían algo de lo que los alumnos debían saber de la materia, eran sumamente confusas. Oró pidiendo ayuda para descubrir las respuestas a estas intrincadas preguntas. Durante la siguiente media hora, todos los demás estudiantes se fueron, dejándolo solo. «Al igual que los otros», dijo, «estuve tentado a irme, pero no podía mentir».
Repentinamente, alguien abrió la puerta, y la mirada de Ben se encontró con la de su profesora. Ella y un fotógrafo del diario Daily News de Yale se acercaron a él y le tomaron una fotografía. Cuando Ben preguntó qué pasaba, su profesora respondió: «Todo fue un experimento. Queríamos saber quién era el alumno más honesto de la clase». Y agregó sonriendo: «Ahora sabemos que eres tú».
Todos pertenecemos a la clase de nuestro Maestro. Todos deberíamos ser el alumno más honesto de la clase. Todos deberíamos poder decir, como Jacob: «Así responderá por mí mi honradez mañana, cuando vengas a reconocer mi salario» (Gen. 30:33). ¿Qué dicen tus hechos, tus palabras, tus compromisos, tus relaciones? ¿Dicen que eres una alumna o un alumno honesto? Aquí se aplica de manera especial lo que dijo nuestro Señor: «Bástale al discípulo ser como su maestro» (Mat. 10:25). Pide a Dios que te ayude a ser como tu Maestro.
Honestidad con Dios, con uno mismo y con los demás. Seamos hoy el discípulo más honesto.
Temeroso al obedecer:
Para la mente humana es difícil aceptar ciertas cosas que no tienen lógica. Por ejemplo, cuando Dios nos pide hacer algo que, desde el punto de vista humano, es contrario a la sabiduría y el buen juicio, obedecerlo sería correr un gran riesgo. Sin embargo, en las Sagradas Escrituras leemos que Dios pide que hagamos cosas que no tienen sentido y cuya realización conlleva un peligro potencial. Por ejemplo, Dios le pidió a Moisés que tomara con su mano una serpiente, con el grave riesgo de ser mordido. A la viuda de Sarepta le pidió que diera al profeta Elías el último bocado de pan que tenía, y que necesitaba desesperadamente para ella y para su hijo. Cuando las exigencias del trabajo requieren siete días de labor, Dios dice que únicamente hay que trabajar seis días. Cuando el costo de la vida es elevado y el dinero no es suficiente, pide que se le devuelva una décima parte.
La Palabra de Dios dice que, después de la resurrección, cuando ya amanecía, Jesús llegó a la playa para encontrarse con sus discípulos, quienes habían tenido una noche de pesca improductiva. Les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis». Los expertos pescadores sabían muy bien que si durante la noche no habían pescado nada, de día sería absurdo intentarlo. Los discípulos podían elegir entre dos alternativas: obedecer o desobedecer. Ellos decidieron obedecer y el resultado fue que sacaron una gran cantidad de peces.
A través de un sencillo acto de obediencia, los discípulos fueron testigos de un gran milagro. Advirtieron que en el corazón de Jesús siempre están los mejores deseos para sus hijos, aunque a veces ellos no entiendan lo que Jesús les pide que hagan. Ellos habían echado la red toda la noche sin pescar absolutamente nada, pero estaban dispuestos a obedecer.
¿Qué cosa te ha pedido Dios que hagas y que tienes miedo de hacer? ¿Qué razones tienes para sentirte temeroso de obedecer a Dios? ¿Temor a fracasar, deseo de controlar tus propias decisiones, o lo que se te pide no está de acuerdo con tus mejores intereses? Dios desea que lo obedezcas incluso en las cosas pequeñas. No permitas que tu falta de disposición para obedecer a Dios te haga perder las grandes bendiciones que el Señor tiene para ti.
Cada vez que Dios te pide que hagas algo es porque tiene cosas buenas que desea darte. Obedece a Dios hoy, aunque parezca que no es lo mejor para ti.
A veces hay que restaurar nuestra ceguera espiritual:
Sanduk Ruit es un doctor nepalés que ha usado su escalpelo y su microscopio, y ha simplificado la técnica de la cirugía de cataratas para darle vista a casi 70.000 personas a lo largo de los últimos 23 años. Los pacientes más pobres que visitan su centro de salud ocular sin fines de lucro en Katmandú pagan con tan sólo su gratitud.
Durante Su tiempo en la tierra, nuestro Señor Jesucristo sanó a muchos con ceguera física. Pero Le preocupaban todavía más los que padecían de ceguera espiritual. Muchas de las autoridades religiosas que investigaron la curación del hombre ciego se negaron a creer que Jesús no era un pecador (Juan 9:13-34). Esto hizo que Jesús dijera: «Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados» (v. 39).
El apóstol Pablo escribió acerca de esta ceguera espiritual cuando dijo: «Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2 Corintios 4:3-4).
El salmista dijo: «La exposición de tus palabras alumbra» (Salmo 119:130). La Palabra de Dios es lo que abrirá tus ojos y curará la ceguera espiritual.
Obras de la fé:
Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.
1 Tesanolicenses 1:3
¿Qué te impulsa a hacer lo bueno? ¿Cuáles son los motivos que te mueven a obedecer a Dios? ¿Por qué haces obras de bien? Existe la obediencia por interés. Hay quienes obedecen porque desean obtener algo. Obedecen para ir al cielo o para evitar el castigo. Hay buenas acciones que se realizan por motivos egoístas, para ser vistos por otros o para recibir alabanza de los demás. Dios no acepta ese tipo de obediencia.
A La odisea, que es tibia, Dios le pide obras calientes. Pablo usa la expresión “obras de fe” como sinónimo de “obras calientes”. El Espíritu Santo es el originador de las obras de fe. Cuando el yo desaparece, Cristo toma el control y mora en el corazón del alma contrita y humillada. En las obras de la fe, Cristo produce las obras. Dios quiere que produzcas frutos, pero el fruto es la obra de Cristo morando en tu vida.
Las obras superficiales de la ley y las obras de la fe son muy similares. La diferencia no está en las obras mismas, porque son parecidas. Es posible que si vemos a dos personas guardando el sábado, una lo haga como exponente de las obras de la ley y que la otra lo haga atendiendo a las obras de la fe. Dos personas pueden participar en una colecta y estar una comprometida con las obras de la fe y la otra con las obras de la ley. Se ven superficialmente similares y es fácil confundir la una con la otra.
Sin embargo, en las obras de fe el creyente se ve a sí mismo como un pecador. Nunca se sentirá justo; siempre se considerará «pobre, miserable, ciego y desnudo»; siempre sentirá que no está bien. Dirá: «Soy el primero de los pecadores». Dios mira el corazón, y eso es lo que verdaderamente cuenta. La seguridad del cristiano consiste en estar en Cristo: en él somos perfectos y estamos completos. Él hará muchas buenas obras en nosotros. Cuando Cristo actúa en tu corazón, no te enorgulleces; ni siquiera serás del todo consciente de las cosas buenas que Dios ha realizado en ti, pero tus vecinos lo advertirán y Dios será glorificado.
Pídele a Dios hoy que te ayude a entender tu verdadera condición. Pídele también que te lleve al Señor Jesucristo para andar en el Espíritu y dar frutos que alegren el corazón de Dios.
¿A cuál de los dos te pareces?
Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado;y el que se humilla será enaltecido.
Lucas 18: 14
¿Cómo describirías a un buen adventista del séptimo día? O quizá sería mejor preguntar «¿Qué características debe tener una persona para entrar en el reino de los cielos?» En la parábola del publicano y el fariseo, relatada por Jesús, dos caballeros subieron al templo a orar. Uno de ellos, el fariseo, se consideraba un buen miembro de la iglesia. Se describió a sí mismo de la siguiente manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros […]. Ayuno dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano» (Lúc. 18:11,12).
¿No te parece una persona perfecta? ¿No es la clase de conducta que Dios acepta? Pero, por increíble que parezca, Jesús dijo que el hombre intachable no era justo. ¿Por qué Dios no acepta esa clase de obediencia? Pablo lo explica en
la Epístola a los Romanos: «Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ellas no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo» (Rom. 9: 31,32).
Las obras de la ley representan la justicia propia del hombre, producida a través de sus propios esfuerzos. En la Biblia la expresión «obras de la ley» se refiere a la conducta de aquellos que utilizan la ley como un método de salvación. Quieren agradar a Dios con sus propios esfuerzos. Pero eso es imposible. Las obras de la ley no agradan a Dios, porque atribuyen la gloria a la persona y no a Dios. Como dice el mismo apóstol Pablo en Efesios 2: 8,9: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe […]. No por obras, para que nadie se gloríe».
En cambio, el publicano, considerándose completamente indigno, decía: «Dios, sé propicio a mí, pecador» (vers. 13). El publicano nos representa a todos. Únicamente por la misericordia de Dios podemos salvarnos. Ninguno de nosotros tiene méritos para ir al reino de los cielos. Pero cuando confesamos nuestros pecados, a pesar de toda nuestra indignidad, la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado y somos admitidos como hijos e hijas de Dios.
Las obras que no son el resultado de una íntima conexión con Jesús, por buenas que parezcan, son malas, porque el corazón que las produce es malo. ¿A cuál de los dos te pareces, al fariseo o al publicano? Piénsalo bien, porque la diferencia es la vida o la muerte.
Robo y arrepentimiento:
Los ladrones se llevaron casi 5.000 dólares en equipos de sonido y oficina de una iglesia en los Estados Unidos, sólo para volver a la noche siguiente y devolver los objetos que habían robado.
Aparentemente, el sentimiento de culpa por robar a una iglesia pesó tanto en sus conciencias que sintieron la necesidad de corregir su comportamiento criminal al haber quebrantado el mandamiento: «No hurtarás» (Éxodo 20:15). Sus acciones me hicieron pensar en las diferencias entre el pesar mundano y el pesar piadoso.
Pablo alabó a los corintios por entender esta diferencia. La primera carta que les escribió fue mordaz, ya que trató asuntos de pecado. Sus palabras causaron pesar entre ellos y Pablo se regocijó por esto. ¿Por qué? Su pesar no se detuvo tan sólo en sentirse tristes porque fueron descubiertos o por sufrir las desagradables consecuencias de sus pecados. Su pesar era un pesar piadoso, un auténtico remordimiento por sus pecados. Esto les llevó al arrepentimiento —un cambio en su pensamiento que les condujo a renunciar a su pecado y volverse a Dios. Su arrepentimiento finalmente les llevó a la liberación de los hábitos pecaminosos que tenían.
El arrepentimiento no es algo que podamos realizar a menos que el Espíritu Santo nos induzca a hacerlo; es un regalo de Dios. Ora por arrepentimiento hoy (2 Timoteo 2:24-26).
¿Qué estamos haciendo?:
Cuando se juzga un caso en algún tribunal penal, los testigos brindan información vital en cuanto a un posible crimen. Ser un testigo significa decirle al tribunal la verdad acerca de lo que se sabe.
Así como el sistema de justicia penal depende fuertemente de los testigos, Jesús usa a testigos osados, fieles y en los que se puede confiar para que difundan Su Palabra y construyan Su iglesia.
Antes de que Jesús ascendiera al cielo con Su Padre, les dio a Sus discípulos un mandamiento final: lanzar una campaña de testimonio mundial. El Espíritu Santo vendría a ellos y les daría poder sobrenatural para ser Sus testigos en todo el mundo (Hechos 1:8).
Jesús llamó a estos primeros apóstoles para que fueran al mundo donde las personas no sabían de Él y relatasen la historia veraz de lo que habían visto, escuchado y experimentado (Hechos 4:19-20). Ya que habían presenciado Su vida perfecta, Sus enseñanzas, Su sufrimiento, Su muerte, Su sepultura y Su resurrección (Lucas 24:48; Hechos 1–5), habían de salir y dar un testimonio sincero acerca de Él.
Al llevar el Evangelio a los confines del mundo, somos llamados a dar testimonio de la verdad acerca de Jesucristo y de cómo Él ha cambiado nuestras vidas. « ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?» (Romanos 10:14). ¿Qué estás haciendo para decirles a los demás?
Perdonar es necesario, olvidar es un arte:
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor. 1 Corintios 13: 4, 5
El capítulo 13 de la primera Epístola a los Corintios, el gran capítulo del amor en
Esta palabra es sumamente importante para el apóstol Pablo en su doctrina de la justificación por la fe: «Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia» (Rom. 4: 5). La misma palabra aparece en este versículo.
Es interesante cómo trabaja Dios con los seres humanos. Primero, les perdona sus pecados, pero ahí no termina todo. Es tan grande y profunda su misericordia que vuelve a dejar la hoja de registro de cada pecador completamente en blanco. No impone, no hay “logizomai”, no lo recuerda más.
Sabemos que Dios es Todopoderoso, y a veces nos parece increíble que pueda olvidar las cosas. Pero es una realidad. Dios, en su amor, decide no recordar más nuestros pecados cuando clamamos por perdón en el nombre de Jesús. Y recordemos que nadie es más olvidadizo que el que no quiere recordar. Puede ser que seamos tan débiles que volvamos a cometer muchas veces el mismo pecado. Pero Dios es tan misericordioso y justo que, cada vez que cometemos el mismo pecado, él lo considera la primera vez, y nos vuelve a perdonar: hasta setenta veces siete, es decir, siempre. No hay límite.
Dios anhela que cada día nos parezcamos más a él. Que seamos semejantes a él en el perdón y en el olvido. Tanto el perdón como el olvido del pecado son dones de Dios.
Él anhela que caminemos por este mundo con un espíritu perdonador total. Es decir, que olvidemos el pecado que hemos perdonado.
Desea que hagamos lo mismo que él hace con nosotros: ¡Perdonar y olvidar! Por eso, después del perdón nos ve tan puros como si nunca hubiésemos hecho nada malo.
Dios anhela que, además de perdonar, procuremos olvidar las ofensas que nos han hecho. Quiere que veamos a nuestros ofensores como verdaderos amigos que nunca nos han hecho nada.
Por eso, perdonar es necesario; y olvidar es un arte.
Dios habla de diferentes maneras:
Cuando Dios habló con Abraham, éste obedeció de inmediato y partió hacia una tierra desconocida basándose tan sólo en una promesa. Aunque no tenía hijos, confió en que Dios haría de él «una nación grande» (Génesis 12:2).
Dios a menudo realiza Su obra por medio de «santos tontos»; soñadores que emprenden la marcha con una fe absurda. Y aun así, yo suelo tomar mis decisiones con base en cálculos y dudas.
Una vez, una Iglesia programó toda una noche de oración durante una gran crisis. Antes de informar en el calendario, discutimos bastante la utilidad de este evento. Los miembros más pobres de la congregación, un grupo de ancianos, fueron los que respondieron afirmativamente con mayor entusiasmo. Pensé que talvez muchas de sus oraciones no habrían sido contestadas durante los años y, sin embargo, confiaban en el poder de la oración como si fueran niños. «¿Cuánto tiempo quieren quedarse? ¿Un par de horas?» preguntamos, pensando en que ellos usaban transporte público. «Bueno, nos vamos a quedar toda la noche», respondieron.
Una mujer de más de 90 años lo explicó así: «Podemos orar. Tenemos el tiempo y tenemos la fe. Además, algunos de nosotros no dormimos mucho. Podemos orar toda la noche si es necesario». Y lo hicieron.
Mientras tanto, un grupo de profesionales ricos, jóvenes, ambiciosos y bien educados en una iglesia del centro aprendió una importante lección: La fe a menudo aparece donde menos se la espera y falla donde debiera crecer con fuerza.
La Armadura:
Hacia el final de su vida de combate, el apóstol Pablo, un guerrero espiritual, dio testimonio: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:7).
Años antes, ese valiente soldado de Jesucristo les había suplicado a sus compañeros cristianos que se pusieran la armadura de Dios, la cual les daría la capacidad de mantenerse firmes en su conflicto con los poderes de las tinieblas. Él conocía la vital importancia de ponerse esa armadura cada día. En su servicio a Cristo, Pablo había sido azotado, golpeado, apedreado y encarcelado, y a menudo estaba hambriento, sediento, con frío y cansado (2 Corintios 11:22-28).
Usando el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, el calzado de la paz, el escudo de la fe, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu (
El príncipe de las tinieblas con sus huestes de ayudantes demoníacos conforman un enemigo increíblemente astuto. Esa es la razón por la que necesitamos estar en guardia en contra de sus estratagemas engañosas y ponernos toda la armadura de Dios cada día. Cuando lo hacemos, al igual que Pablo cuando éste estaba acercándose al final de sus días, podemos tener la confianza de que hemos «guardado la fe».
"No hay nadie más ciego que él que no quiere ver":
Al cantante Ray Stevens a menudo se le da el crédito de haber escrito la frase «No hay nadie más ciego que el que no quiere ver», una línea de la canción «Everything Is Beautiful» («Todo es hermoso»). Pero el predicador Matthew Henry usó la frase hace 250 años cuando hizo sus comentarios sobre la letra de una canción de otro compositor llamado Asaf.
La letra en la canción de Asaf no tenía una nota tan optimista como la de Stevens. Su cántico era una reprimenda a los israelitas por no lograr cumplir con el propósito que Dios les había dado. Dios les había escogido para mostrarle al mundo cómo vivir de manera correcta y juzgar con justicia, pero estaban fracasando miserablemente. En vez de defender al débil y huérfano, estaban defendiendo al injusto y mostrando parcialidad hacia el malvado (Salmo 82:2-3).
En su comentario sobre el Salmo 82, Henry escribió: «Un regalo en secreto ciega la vista. Ellos no saben porque no entienden. Nadie más ciego que el que no quiere ver. Han confundido sus propias conciencias, así que andan en tinieblas».
Jesús confirmó el interés de Dios en el débil y desvalido. Explicó que lo que sea que se haga por Sus «hermanos más pequeños» se le hace a Él (ver Mateo 25:34-40). Y reprendió a Sus discípulos por alejar a los niños de Él (Lucas 18:16).Los que tienen ojos para ver lo que Dios ve encuentra maneras de ayudar al desvalido.
Jaimito y la oración:
Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos». Lucas 11:1 ¿Qué esperaba hacer con la oración el discípulo que le pidió a Jesús que le enseñara a orar? Puede ser que la razón sea la de Jaimito, que habló así con su pastor: — ¿Oras de noche, hijito? —le preguntó el pastor. —Sí, señor —repuso Jaimito.
—¿Y también lo haces por la mañana? —volvió a preguntar el pastor.
—No, señor —dijo Jaimito—. De día no tengo miedo.
La actitud de algunos cristianos puede ser muy parecida. La oración es un recurso muy útil cuando tenemos miedo, cuando estamos afligidos, cuando estamos pasando por una crisis. En broma se dice que quien pasa por un grave peligro en un vuelo transcontinental, llega al aeropuerto “santificado”, porque se supone que oró mucho, se consagró de nuevo a Dios y renovó todos sus votos de lealtad. Pero nadie dice nada cuando el vuelo no tiene contratiempos. Se supone que el viajero no oró mucho, no se consagró, no renovó sus votos, porque no tuvo temor.
Cuan cierto es que oramos más cuando estamos en peligro de perder la vida, o de cualquier otro trance que cause preocupación. Oramos más cuando tenemos problemas de cualquier tipo. Oramos más cuando entramos a una crisis de salud, familiar, matrimonial o financiera. Oramos porque sentimos la necesidad de ayuda. Oramos porque necesitamos la intervención del poder y la providencia de Dios. Cuan parecida es nuestra actitud a la de Jaimito.
Otras veces oramos para hablar a Dios de nuestros problemas, carencias, necesidades y deseos, y para pedirle que nos ayude. Por ello, nuestras oraciones no son mucho más que una lista necesidades y peticiones. Pero Dios no necesita que le informemos de nuestros problemas. Él los conoce todos mejor que nosotros mismos. Se preocupa más por lo que nos preocupa que nosotros mismos. Está más interesado en nuestro bienestar que nosotros mismos. Dios mismo dijo: «Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído» (Isa. 65: 24). Verdaderamente esta declaración divina es una joya para los cristianos. Nos asegura que Dios no necesita que lo convenzamos con grandes clamores y largas y convincentes oraciones. ¿La razón? Porque él sabe todo lo que nos pasa, y, por su inmenso amor, se adelanta a nuestras necesidades.
Entonces, ¿por qué oramos? La respuesta es sencilla: Oramos porque deseamos estar en comunión con él.
La inteligencia sin amor, te hace perverso.
La justicia sin amor, te hace implacable.
La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.
El éxito sin amor, te hace arrogante.
La riqueza sin amor, te hace avaro.
La docilidad sin amor, te hace servil.
La castidad sin amor, te hace orgulloso.
La pobreza sin amor, te hace orgulloso.
La belleza sin amor, te hace ridículo.
La verdad sin amor, te hace hiriente.
La autoridad sin amor, te hace tirano.
El trabajo sin amor, te hace esclavo.
La sencillez sin amor, te envilece.
La oración sin amor, te hace introvertido.
La ley sin amor, te esclaviza.
La política sin amor, te hace ególatra.
La fe sin amor, te hace fanático.
La cruz sin amor, se convierte en tortura.
La vida sin amor, no tiene sentido.
Cadena de favores es una película que trata de un niño de 12 años que quiere marcar una diferencia en el mundo. Motivado por un maestro de su colegio, Trevor invita a un hombre sin hogar a dormir en su garaje. Ignorante de este arreglo, la madre de Trevor se despierta una noche para encontrar al hombre que estaba arreglándole la camioneta. A punta de pistola, ella le exige que se explique. Él le muestra que ha logrado arreglar la camioneta, y le cuenta acerca de la amabilidad de Trevor. Le dice: «simplemente estoy devolviendo el favor».
Creo que esto es lo que Jesús tenía en mente en una de las últimas conversaciones con Sus discípulos. Quería mostrarles hasta dónde llegaba Su amor. Así que, antes de su última cena juntos, se quitó el manto, se ciñó una toalla alrededor de la cintura y comenzó a lavarles los pies a Sus discípulos. Esto fue algo escandaloso porque sólo los esclavos lavaban los pies. Era un acto de servidumbre y un símbolo que señalaba el sacrificio, la pasión y la humillación de Jesús en la cruz. Lo que Él les pidió a Sus discípulos fue: «Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros» (Juan 13:14). Debían «devolver el favor».
Imagina lo diferente que se vería nuestro mundo si les diéramos a los demás el tipo de amor que Dios nos ha dado por medio de Jesús.
Cuando la versión reducida del Diccionario Oxford de inglés anunció en el 2006 que la palabra tiempo era el sustantivo usado con mayor frecuencia en el idioma inglés, no pareció sorprender a nadie. Vivimos en un mundo donde las personas están obsesionadas con usar sus días, ahorrar minutos y tratar de encontrarle más horas a cada jornada. Aunque cada uno de nosotros tiene todo el tiempo que existe, muy pocos de nosotros pensamos que tenemos suficiente.
Tal vez esa sea la razón por la que el Salmo 90 es un pasaje tan precioso. Aleja el enfoque de nuestras vidas limitadas por el tiempo trasladándolo hacia nuestro Dios eterno. «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios» (v. 2).
Una estrofa en el famoso himno de Matthew Bridges «A Cristo coronad» dice: «Y bendecid al Inmortal por toda eternidad». El soberano, el monarca ungido con majestad —alguien que no busca ser designado ni ganar unas elecciones.
Dios creó el tiempo. Lo gobierna y va más allá de él. Cuando nos sentimos frustrados por el calendario o atrapados por el reloj, una lectura en silencio del Salmo 90 nos recordará que nuestros días y nuestros años están en manos de nuestro Dios eterno.
Al inclinarnos humildemente ante Él, vemos el tiempo desde una nueva perspectiva.
En la antigua Roma, los emperadores ocasionalmente hacían uso de la adopción para transmitir la sucesión a herederos competentes. César Augusto fue adoptado por su tío abuelo Julio César. Otros adoptados notables incluyen a los emperadores Tiberio, Trajano y Adriano. Todos ellos demostraron ser gobernantes fuertes porque cada uno de ellos vivió como hijo de su padre adoptivo.
Todo cristiano es un hijo adoptado por el Rey de reyes. Tenemos una enorme deuda a Su favor. Pero Dios, quien lo tiene todo, no necesita que la cancelemos.
¿Qué es lo que Dios desea? Él quiere que vivamos de la manera que corresponde a Sus hijos. Las actividades y los valores que no van acorde con nuestra posición como hijos de Dios deben eliminarse (Colosenses 3:5). Las actitudes egoístas y destructivas han de ser reemplazadas por actividades y valores que exhiban nuestra gratitud y nuestro amor por Dios y debemos reflejar nuestra condición como Sus hijos. Pablo escribió: «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia» (v. 12).
¿Pueden los demás a tu alrededor decir que efectivamente eres un hijo del Rey? Pregúntale al Espíritu Santo qué es lo que necesitas quitar de tu vida y qué es lo que necesitas poner en ella para que puedas reflejar con mayor fidelidad tu condición de hijo adoptado de Dios.
Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne. Cantares 2:15
Una vez tuve que hacer un viaje en avión a la ciudad de Miami. El personal de tierra cumplió, con la eficiencia acostumbrada, todo el trámite y abordamos a tiempo la aeronave. La nave estaba a punto de despegar cuando, de repente, notamos que volvió a la terminal. ¿Qué ocurría? Algo sin importancia: el capitán había detectado un insignificante goteo de líquido en uno de los motores del avión. Todo se detuvo. Siete horas se demoró el vuelo para arreglar aquel insignificante goteo. La compañía perdió muchos miles de dólares, pero aquel insignificante goteo era una advertencia. Sí, se demoró la salida. Sí, la compañía perdió muchos miles de dólares. Sí, los pasajeros perdimos tiempo y faltamos a citas, reuniones y compromisos. Pero al prestar atención y arreglar aquella pequeña señal de advertencia, aquel pequeño detalle, posiblemente se evitó una tragedia.
¿No deberíamos ser más cuidadosos con esas pequeñas señales de advertencia en la relación matrimonial? Si les pusiéramos atención evitaríamos muchas tragedias. Podemos detectar los pequeños fallos en nuestra relación matrimonial. Ello ayudará a evitar que la embarcación se hunda. Aunque los detalles sean pequeños, no podemos permitirnos el lujo de ignorarlos.
Usando la metáfora del sabio Salomón, ¿cuáles son esas zorras pequeñas que, si no las descubre, pueden echar a perder la viña matrimonial? Las señales grandes cualquiera puede verlas. Las peligrosas son las pequeñas. Peligrosas porque no se ven, pero más porque dan lugar a las grandes.
Una se llama monotonía. Después de diez años de matrimonio se acaba la novedad y comienza la rutina, que luego da a luz a su hija enferma, la monotonía. Esta, a su vez, engendra a su vástago abúlico, el aburrimiento. Uno comienza a pensar: «Esto tiene que ser más emocionante. Necesito algo mejor que esto. Algo con más brillo y más interesante». Si la rutina, la monotonía y el aburrimiento ya se mudaron a vivir en tu casa, ¡ojo con ellos! Ya no son zorras, son lobos. Tu vida matrimonial está en peligro.
Otra señal se llama sentido de independencia. Cuando uno de los cónyuges dice: “Necesito mi espacio», quiere decir: «Ya no somos uno, como cuando nos casamos; ya somos dos otra vez». Peligro. Cuida a tu esposo; cuida a tu esposa. Cércala de amor, de alegría y de felicidad mediante un trato inteligente.
Ven hoy al Señor en oración y exprésale tu gratitud por el don de la familia. Pídele que abra tus ojos para advertir cualquier señal de peligro que amenace ese regalo divino que se llama matrimonio.
«Papi, ayúdame». Esas fueron las últimas palabras que Dianne y Gary Cronin le escucharon decir a su hija mientras ésta luchaba por respirar. Kristin, de 14 años, murió repentinamente, justo dos días después de decir que no se sentía bien. Una infección de estreptococo atacó su cuerpo el jueves. Para el sábado, estaba rogando a su padre que la ayudara.
Antes de que Kristin muriera, tenía programado hablar en la iglesia de su familia en Soldotna, Alaska. En el tiempo de Dios, estuve ante la congregación el día después del funeral de la niña.
Kristin era una de esas vivaces adolescentes que amaba a Jesús y vivía para Él —y cuya súbita muerte nos deja con un millón de preguntas.
Debido a que yo había pasado por algo similar al perder a mi propia hija adolescente hacía unos cuantos años, pude ofrecer algo de consejo a esta iglesia asombrada y acongojada. Primero, dije, debemos reconocer la soberanía de Dios. Salmo 139:16 nos recuerda que la vida de Kristin duró el tiempo exacto que Dios quiso. Segundo, le pedí a la iglesia que jamás olvidara a la familia de la muchacha. Sea que pasen dos meses o cinco años, la familia jamás «superará» la pérdida de Kristin. Jamás dejará de necesitar a cristianos que se preocupen y que se acuerden de ella.
En momentos como éste, no olvides que Dios tiene el control y que Él quiere que seamos un consuelo para los demás.
Una madre y su hijita se preparaban una noche para acostarse. La niña sentía miedo de la oscuridad y estaba algo atemorizada.
Cuando las luces se apagaron vio la luna por la ventana y le dijo a su madre: - Mama, quiero que me digas, ¿será la luna la luz de Dios?
-La madre le contestó: -Si, hijita.
La niñita volvió a preguntarle:
-¿Y apagara Dios su luz para dormir? Esta vez la madre puso su mano sobre su cabecita y le dijo:
-No, hija mía, Dios nunca se queda dormido.
Estas palabras despertaron la fe de su corazón infantil y dijo:
-Pues si Dios esta despierto, entonces, ya no tengo miedo...
Eso es encontrar la confianza en una seguridad verdadera!!!
Había una vez una rosa roja muy hermosa y bella. Se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente, la veía de lejos.
Un día se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordeno al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: Esta bien, si así lo quieres.
Poco tiempo después el sapo paso por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces: Vaya que te ves muy mal. ¿Que te paso?, la rosa contesto: Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual.
El sapo solo contestó: Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín.
Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos mas que ellos, mas bellos o simplemente porque inconcientemente creemos que no nos "sirven". Nadie sobra en este mundo, todos tenemos algo especial que hacer, algo que aprender de los demás o algo que enseñar. Todos somos especiales.
Cuando nuestros hijos eran pequeños, Risk era uno de nuestros juegos de mesa favoritos. El objetivo era la conquista del mundo. Cada jugador movilizaba sus tropas para tomar posesión de países y continentes. Siempre me divertía ver que la persona que inicialmente lideraba el juego rara vez ganaba. La razón es obvia. Cuando los demás jugadores percibían el orgullo cada vez mayor del líder, se unían contra él.
Ya sea consciente o subconscientemente, es fácil que no nos gusten las personas poderosas con apariencia orgullosa. Su propio semblante parece animar a los demás a lanzarles obstáculos en el camino o ser opositores silenciosos.
En la lectura bíblica de hoy, se nos dice que son siete las cosas que Dios odia. De forma reveladora, la primera es el orgullo. Cuando alguien se sobrevalora a sí mismo infravalorando a los demás, inevitablemente lo revela con su apariencia orgullosa. Hinchado de auto-presunción, también puede crear maldad y sembrar discordia. No es de extrañar que Dios aborrezca las apariencias orgullosas.
Puede que la gente orgullosa y poderosa piense que tiene que preocuparse con lo que piensen los demás, pero no puede ignorar la oposición de Dios. Pedro nos recuerda que no confiemos en nosotros mismos sino en Aquel que nos exaltará «cuando fuere tiempo» (1 Pedro 5:6). Al someternos a Él, evitamos el riesgo que el orgullo representa para nuestro carácter, y nos convertimos en siervos de Dios agradecidos y humildes.
El ex-presidente del Seminario Bíblico Columbia Bible College en Carolina del Sur, J. Robertson McQuilkin, señaló que Dios tiene un propósito sabio al dejar que envejezcamos y nos debilitemos:
«Creo que Dios ha planificado que la fuerza y la belleza de la juventud sean físicas. Pero la fuerza y la belleza de la vejez son espirituales. Gradualmente perdemos la fuerza y la belleza que son temporales para asegurarnos de que nos concentraremos en aquellas que son para siempre. Y así estaremos ansiosos por dejar la parte de nosotros que es temporal y que se deteriora, y sentiremos verdadera nostalgia de nuestro hogar eterno. Si nos mantuviéramos jóvenes, fuertes y bellos, es probable que jamás quisiéramos irnos».
Cuando somos jóvenes y estamos felizmente ocupados con todas nuestras relaciones y actividades, puede que no anhelemos nuestro hogar celestial. Pero, a medida que pasa el tiempo, puede que nos encontremos sin familiares ni amigos, afligidos por una vista deficiente y dificultades auditivas, incapaces ya de saborear la comida, o atribulados por la falta de sueño.
He aquí el consejo que me doy a mí mismo: Sé agradecido de que, tal y como el apóstol Pablo lo escribió en 1 Timoteo 6:17, «Dios… nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» tanto en el verano como en el otoño de la vida. Y regocíjate también de que, con la llegada del invierno de la vida, podemos prever que pronto estaremos viviendo en la tierra de la eterna primavera.
Uno pensaría que vender su alma, tal y como Fausto le ofreció la suya al diablo en la obra Fausto de Goethe, es sólo un fragmento de ficción literaria. Sin embargo, con todo lo medieval que parezca, se han dado varios casos de ventas de almas.
La revista Wired informó que un profesor universitario de 29 años logró vender su alma inmortal por 1.325 dólares. Dijo: «En los Estados Unidos, uno puede vender su alma, tanto metafórica como literalmente, y recibir una recompensa por ello». La pregunta ahora es cómo pretende el comprador recoger su adquisición.
No podemos vender nuestra alma literalmente, pero podemos perderla por ganar otra cosa. Tenemos que meditar en la pregunta de Jesús: «¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?» (Mateo 16:26).
Nuestras respuestas hoy sólo diferirían de las que se hubieran dado en los días de Jesús en cuanto a aspectos específicos: el mundo, la carne y el diablo. Los deseos que nos cautivan y el hambre desenfrenada de placer, éxito, venganza o cosas materiales ciertamente han asumido muchísima mayor importancia para muchas personas que cualquier consideración de la eternidad.
Nada en la tierra se compara a los regalos de Dios del amor y el perdón. Si los placeres de este mundo te impiden confiar en Jesucristo, por favor, reconsidéralo. No valen el costo de tu alma eterna.
Carta de Satanás:
Te vi ayer cuando comenzabas tus tareas diarias. Te levantaste sin ni siquiera orar a tu 'Dios'. En todo el día no hiciste nada de oración; de hecho, ni recordaste bendecir tus alimentos. Eres muy desagradecido con tu Dios, y eso me gusta de ti. También me agrada la enorme flojera que demuestras siempre en lo que se refiere a tu crecimiento cristiano.
Rara vez lees la Biblia y cuando lo recitas estás cansado. Oras muy poco y muchas veces recitas palabras que no meditas. Por cualquier pretexto llegas tarde o faltas a tus reuniones de formación. ¿Que decir de tus quejas?, Hemos disfrutado juntos muchas películas XXX y qué decir de las veces que hemos ido a los 'espectáculos artísticos en vivo'. Aquel día tu debilidad con aquella personita simpática, que bien nos la pasamos!!!
Pero más me agrada que no te arrepientes, sino que reconozcas que eres joven y tienes derecho a gozar la vida, piensas solo en cuerpo y crees que no tienes un alma que guardar para la eternidad. No hay duda: eres de los míos. Disfruto mucho los chistes colorados que dices, y que escuchas.
Te ríes por lo gracioso de ellos, yo me río de ver a un hijo de Dios participando en ellos. El hecho es que ambos la pasamos bien. La música vulgar y de doble sentido que escuchas me fascina. ¿Como sabes cuales son los grupos que me gusta escuchar? También disfruto mucho cuando difamas y te revelas contra tu Dios. Me siento feliz cuando te veo bailando y haciendo ese de movimientos que tanto fascinan, cómo lo disfruto!!!
Ciertamente cuando vas y te diviertes sanamente, me desilusionas, pero no hay problema, siempre habrá otra oportunidad. Hay veces que me haces servicios increíbles cuando das malos ejemplos a los niños o cuando les permites que se desvíen de su inocencia por medio de la televisión o cosas por el estilo. Son tan perceptivos que fácilmente imitan lo que ven. Te lo agradezco mucho.
Lo que más me agrada es que rara vez tengo que tentarte, casi siempre caes por tu propia cuenta. Buscas los momentos propicios, te expones a situaciones peligrosas, buscas mis ambientes.
Si tuvieras algo de sesos cambiarías de ambiente y compañías; recurrirías a los sacramentos y entregarías realmente tu vida al que dices llamar 'tu Dios' y aun vivir más el resto de tus años bajo la guía del Espíritu Santo.
No acostumbro enviar este tipo de mensajes, pero eres tan conformista espiritualmente que no creo que vayas a cambiar. No mal entiendas, aún te odio y no me interesas en lo más mínimo. Si te busco es porque me agrada como es tu manera de comportarte y hacer quedar en ridículo a Jesucristo.
Tu enemigo que te odia: SATANAS, o como me quieras llamar.
P.D. Si realmente me amas, deja las cosas como están.
Un virus misterioso:
Es la tarde de un viernes típico y estás manejando hacia tu casa.
Sintonizas la radio. El noticiero cuenta una historia de poca importancia:
En un pueblo lejano han muerto 3 personas de alguna gripe que nunca antes se había visto.
No le pones mucha atención a ese acontecimiento...
El lunes cuando despiertas, escuchas que ya no son 3, sino 30,000 personas las que han muerto en las colinas remotas de la India.
Gente del control de enfermedades de los Estados Unidos, ha ido a investigar.
El martes ya es la noticia más importante de la primera plan del periódico, porqué ya no solo es la India, sino Pakistán, Irán y Afganistán y pronto la noticia sale en todos los noticieros. Le están llamando 'La Influencia Misteriosa' y todos se preguntan: ¿Como vamos a controlarla?
Entonces una noticia sorprende a todos:
Europa cierra sus fronteras, no habrá vuelos a Francia desde la India, ní de ningún otro país donde se haya visto la enfermedad. Por lo del cierre de fronteras estás viendo el noticiero cuando escuchas la traducción de una mujer, en Francia, qué dice qué hay un hombre en el hospital muriendo de la 'Influencia Misteriosa'.
Hay pánico en Europa.
La información dice, qué cuando tienes el virus, es por una semana y ni cuenta te das. Luego tienes 4 días de síntomas horribles y entonces mueres.
Inglaterra cierra también sus fronteras, pero es tarde, pasa un día más y el presidente de los Estados Unidos, George Bush, cierra las fronteras a Europa y Asia, para evitar el contagio en el país, hasta qué encuentren la cura...
Al día siguiente la gente se reúne en las iglesias para orar por una cura y entra alguien diciendo: Prendan la radio y se oye la noticia:
2 mujeres han muerto en New York. En horas, parece que la enfermedad invade a todo el mundo.
Los científicos siguen trabajando para encontrar el antídoto, pero nada funciona. Y de repente, viene la noticia esperada: Se ha descifrado el código de ADN del virus.. Se puede hacer el antídoto.
Va a requerirse la sangre de alguien qué no haya sido infectado y de hecho en todo el país se corre la voz que todos vayan al hospital mas cercano para qué se les practique un examen de sangre.
Vas de voluntario con tu familia, junto a unos vecinos, preguntándote qué pasará? ¿Será este el fin del mundo?...
De repente el doctor sale gritando un nombre que ha leído en el registro. El más pequeño de tus hijos está a tu lado, te agarra la chaqueta y dice: Papi? ese es mi nombre!. Antes que puedas reaccionar se están llevando a tu hijo y gritas: Esperen!... Y ellos contestan: todo está bien, su sangre esta limpia, su sangre es pura.
Creemos que tiene el tipo de sangre correcta.
Después de 5 largos minutos los médicos salen llorando y riendo. Es la primera vez que haz visto a alguien reír en una semana. El doctor de mayor edad se te acerca y dice: Gracias, señor!, la sangre de su hijo es perfecta, esta limpia y pura, puede hacer el antídoto contra esta enfermedad...
La noticia corre por todas partes, la gente esta orando y llorando de felicidad.
En eso el doctor se acerca a ti y a tú esposa y dice: ¿Podemos hablar un momento? Es qué no sabíamos que el donante sería un niño y necesitamos que firmen este formato para darnos el permiso de usar su sangre. Cuando estás leyendo el documento te das cuenta qué no ponen la cantidad qué necesitarán y preguntas: ¿Cuanta sangre?...
La sonrisa del doctor desaparece y contesta: No pensábamos que sería un niño. No estábamos preparados. La necesitamos toda!...
No lo puedes creer y tratas de contestar:
'Pero, pero...'. El doctor te sigue insistiendo, 'usted no entiende, estamos hablando de la cura para todo el mundo. Por favor firme, la necesitamos...toda. Tu preguntas: ¿pero no pueden darle una transfusión? Y viene la respuesta: si tuviéramos sangre limpia podríamos...
¿Firmará?.¿Por favor?...Firme!!....
En silencio y sin poder sentir los mismos dedos que sostienen el bolígrafo en la mano, firmas. Te preguntan' ¿Quiere ver a su hijo?
Caminas hacia esa sala de emergencia donde está tu hijo sentado en la cama diciendo: Papi!, Mami!, ¿qué pasa? Tomas su mano y le dices: Hijo, tu mami y yo, te amamos y nunca dejaríamos que te pasara algo que no fuera necesario, ¿comprendes eso? Y cuando el doctor regresa y te dice: Lo siento necesitamos comenzar, gente en todo el mundo esta muriendo...
¿Te puedes ir? ¿Puedes darle la espalda a tu hijo y dejarlo allí?... Mientras el te dice ¿Papi?,¿Mami? porqué me abandonan...
A la siguiente semana, cuando hacen una ceremonia para honrar a tu hijo, algunas personas se quedan dormidas en casa, otras no vienen porque prefieren ir de paseo o ver un partido de fútbol y otras viene a la ceremonia, con una sonrisa falsa fingiendo que les importa.
Quisieras pararte y gritar: Mi hijo murió por ustedes!!! ¿Acaso no les importa?...
Tal vez eso es lo qué Dios nos quiere decir: 'Mi hijo murió por ustedes, ¿todavía no saben cuanto los amo?
Es curioso lo simple que es para las personas desechar a Dios y después preguntarse porqué el mundo va de mal en peor.
Es curioso ver como creemos todo lo que leemos en el periódico, pero cuestionamos lo que dice la Biblia.
Es curioso como nos esforzamos día tras día atesorando bienes terrenales y no dedicamos unos cuantos minutos a atesorar los bienes celestiales.
Es curioso como alguien dice: 'Yo creo en Dios', pero con sus acciones demuestra que sigue a otros.
Es curioso como enviamos millares de 'bromas' a través de un correo electrónico...., mismas que se esparcen como un fuego voraz, pero cuando envías mensajes que tienen que ver con Dios, la gente lo piensa antes de compartirlos con otros.
Es curioso como la lujuria, cruda, vulgar y obscena pasa libremente a través del ciberespacio, pero la discusión pública de Jesús es suprimida en las escuelas y en los lugares de trabajo.
¿ES CURIOSO, VERDAD?
Más curioso es ver como una persona puede ser un cristiano tan ferviente en domingo, pero ser un cristiano invisible el resto de la semana.
Es curioso qué cuando termines de leer este mensaje, no sientas la necesidad de enviarlo a muchos de los que están en tu lista de e-mails; simplemente porque no estas seguro(a) de lo que ellos creen o vayan a pensar?
Es curioso como nos preocupamos más de lo que la gente piense, que de lo que Dios piense de nosotros.
No te detengas, envíalo y que tengas un feliz día, solo tienes que marcar reenviar!!!...
Como los Robots:
En la película "I Robot" la misión de los robots es la de eliminar las guerras y contiendas entre los hombres. Estos llegan a la conclusión de que la única manera de hacerlo es tomando control del hombre. No quiero ser un agua fiestas acerca de esta película, pero si es interesante ver como los robots deciden tomar la voluntad del hombre. Hubiera sido muy fácil para Dios tomar la misma actitud pero El no desea lo malo para sus hijos, y tampoco quiere que sus hijos le amen a la fuerza.
Cuando el hombre pecó en el huerto
Una de las razones por las que Él envió a su hijo a la cruz fue para morir por nuestras rebeliones. El libro de Isaías 53:5 nos dice "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados." Nos cuesta dejar de pecar pero tampoco es el plan de Dios que seamos esclavos del pecado diariamente. El plan de Dios para nuestras vidas es de que vivamos en completa libertad. El sacrificio de la cruz no fue en vano para ti ni para mí. El sacrificio de la cruz fue y es suficiente para liberarnos de la esclavitud del pecado.
Recuerdo que como niño jugaba un juego llamado " Las escondidas” con mis hermanos y primos. Y como parte del juego colocábamos una lata grande con un palo en el centro del área donde estábamos jugando. La lata y el palo eran para salvarnos del que nos estaba buscando. La única manera de hacerlo era de correr lo más rápido posible, llegar a donde estaba la lata, pegarle con el palo tres veces y gritar uno, dos, tres, estoy salvo, antes de que el que nos estaba buscando lo hiciera. Si no lográbamos hacerlo antes que que nos encontraran quedábamos eliminados del juego y no podíamos participar mas hasta el siguiente juego.
Cada noche nos divertíamos jugando el mismo juego, imagínate si solo con la primera vez de quedar eliminados del juego nunca mas pudiéramos jugar otra vez. No es lo mismo en muchas de las áreas de nuestra vida? Dios sabia que al permitirle a la creación o al hombre en este caso escoger entre la vida y la muerte, íbamos a cometer errores por lo tanto somos imperfectos. A todos nos cuesta dejar de pecar. Pero como podemos superar esto en nuestra vida?
El PRIMER PRINCIPIO es de cada día renovar nuestra mente, y solo se puede hacer a través de la palabra. Romanos 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. El mundo quiere controlar nuestra mente, pero Dios quiere transformar nuestra mente. Si el mundo controla nuestra mente somos conformistas, pero si Dios controla nuestra mente entonces seremos transformistas. La transformación empieza a través de nuestro tiempo invertido en
El SEGUNDO PRINCIPIO es de llevar todo pensamiento a la perfecta obediencia de Cristo. 2 de Corintios 10:5 dice "derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo." No entretengas en tu mente los pensamientos que a diario te causan que peques. Cuando los pensamientos negativos lleguen a tu mente tómalos cautivos, y declara que los estas llevando a la perfecta obediencia de Cristo. Corre del ambiente que té esta haciendo pecar, cuando tu meta es correr hacia la justicia el pecado no te alcanzará.
El TERCER PRINCIPIO es el de darle cuentas a Dios acerca de nuestras acciones.. Proverbios 18:24 "El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano." Es importante confesar nuestro pecado a Dios y pedirle perdón diariamente. Dios esta dispuesto a perdonarnos y borrar el pecado de Su memoria. Recuerda que cuando Dios perdona nuestro pecado, elimina toda condenación de nuestra vida.
Búsqueda del perdido:
—Lucas19:10
Casi cada semana vemos noticias acerca de alguna misión de búsqueda y rescate. Puede que se trate de algún niño que se alejó durante un almuerzo campestre familiar y se extravió, o un excursionista que se quedó aislado en alguna montaña, o personas atrapadas bajo los escombros luego de un terremoto. En cada caso, las personas en riesgo son incapaces de ayudarse a sí mismas. Por lo general, los que fueron encontrados y salvados muestran una gratitud perdurable por aquellos que se unieron a la búsqueda y les rescataron.
El relato de Zaqueo en Lucas 19:1-10 es una historia de búsqueda y rescate. Puede que a primera vista parezca una serie de casualidades. Jesús estaba pasando por Jericó y un rico publicano trepó a un árbol para echarle un vistazo al Maestro obrador de milagros. Pero este encuentro con Jesús no fue una coincidencia. Al final del relato, Lucas deliberadamente incluyó las palabras de Jesús a Zaqueo. «Hoy ha venido la salvación a esta casa… Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido». (vv. 9-10).
Jesús comenzó Su operación de búsqueda y rescate en la tierra por medio de Su vida, muerte y resurrección. Él sigue realizándola hoy por medio del poder del Espíritu Santo y nos invita con Su gracia a participar con Él amando a aquellos que están perdidos.
Hermanos si tenemos a alguien en ese estado, es el momento de amarles.
Leamos: Lucas 2:23-35
Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá. —Isaías 40:5
La habitación era un desastre: muebles que no combinaban, pintura descolorida, conexiones eléctricas horrorosas, cachivaches amontonados por todas partes. Los dueños de la casa intentaron mejorar algunas cosas, pero se veía cada vez peor.
Así comienza un programa de televisión sobre cómo reformar una casa. Después de entrevistar a los dueños, el diseñador elabora un plan para aprovechar al máximo el cuarto. Los productores del programa crean un clima de suspenso que va en aumento hasta llegar a lo que se denomina «la revelación». Los televidentes observan los progresos, junto con los «uh» y los «ah» de los propietarios al ver la nueva habitación.
Con el tiempo, el mundo se ha convertido en una especie de habitación descuidada. La gente lo satura de objetos que no corresponden; prioriza cosas que entorpecen su potencial. La vida se torna oscura, abarrotada e ineficaz. Los proyectos de autoayuda traen muy pocos beneficios.
Llegamos a ser parte de la gran «revelación» de Dios cuando seguimos su diseño y el ejemplo de Cristo.
Es bueno tenerlo presente:
Salmo118: 24
Puede ser que este sea un texto desconcertante, porque no se refiere al día de reposo del Señor. Entonces, ¿qué pasa los días cuando nos golpean el pesar, la tristeza y el fracaso, cuando la tragedia consume entre llamas la esperanza, cuando no puedes salir de tu lecho de enfermo o no te puedes levantar de la silla de ruedas?
¿También son días del Señor? ¿También los hizo Jehová?
¿Qué de aquellos días cuando acaba de cerrarse la tumba en el cementerio y te marchas con el corazón destrozado a tu casa vacía? ¿Y cuando tienes la carta de despido en su mano? ¿Y cuando la persona amada se ausentó para no volver y te sientes engañado?
¿Qué tiene de bueno ese día de amargura? ¿Es ese, acaso, el día del Señor? Como humanos tendemos a pensar que los “días del Señor” son aquellos en que obtenemos el aumento de salario que necesitamos y que merecemos, cuando uno de nuestros hijos acaba sus estudios, o cuando salimos con la familia a unas merecidas vacaciones.
Sin embargo, la fórmula del salmista, «este es el día», incluye todos los días, estemos enfermos o sanos, nos elogien o nos insulten, estemos animados o deprimidos. Porque los días de adversidad son también días de oportunidad. Precisamente cuando cruzamos el valle de sombra de muerte, más claramente sentimos la protección y la bendición del Señor. Quizá la siguiente historia de la vida real nos enseñe a gozarnos en el día que hizo el Señor.
Al salir del culto, un miércoles por la noche, un hermano fue asaltado. Los malhechores le robaron su dinero y le asestaron una puñalada en el estómago. Varios días después del incidente, tuve la oportunidad de encontrarme con él. Y aquel hermano, que debería haber estado deprimido, dijo: «Si no hubiese yo asistido a la iglesia ese miércoles de oración y testimonio, me habrían matado». Aquel episodio fue usado por Dios para probar la fe de su siervo fiel. Dios permitió aquel día, aquellas horas, de sombra, de dolor y casi de muerte. Él conocía los detalles de aquel momento doloroso. El Señor vigila a los suyos, siempre, para darles su protección.
Cada pequeño instante de nuestra vida es fabricado en los talleres eternos de Dios. La suma de esos momentos conforma cada día de la existencia. Soportemos la prueba del día triste con la confianza puesta en Dios, y celebremos agradecidos el día de la felicidad. Como dice el salmista, «nos gozaremos y alegraremos en él».
Felíz reencuentro con nuestro Padre:
Apocalipsis 21:1-5
Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo. —Apocalipsis 21:3
En el 2002, Elizabeth Smart fue raptada de su hogar en Utah. Vivió una vida de vagabundos ante la presencia constante de la pareja acusada de su secuestro. Sin embargo, nueve meses después la encontraron y la devolvieron a casa. Fue un feliz reencuentro anhelado por su familia.
En el libro de Apocalipsis, Juan describe la visión de un cielo y una tierra nuevos, y nuestro futuro reencuentro con el Señor (21:1-5). El contexto no es sólo geográfico, sino de vida para el pueblo de Dios —una gloriosa realidad con Dios y Su pueblo habitando juntos por la eternidad.
Juan describe los beneficios para el pueblo de Dios cuando Él establezca Su morada en medio de éste. Las consecuencias debilitantes del pecado quedarán abolidas para siempre. En la visión de Juan, el pesar, la muerte, el dolor y la separación serán parte de las primeras cosas que entonces serán sólo el pasado. El viejo orden abre paso a uno nuevo y perfecto, un reencuentro de bendición eterna. «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo… Y el que estaba sentado en el trono dijo: he aquí, yo hago nuevas todas las cosas» (Apocalipsis 21:3,5).
Un día, todos nos regocijaremos en un feliz reencuentro en el cielo con nuestro Padre celestial. ¡No podemos imaginar qué día de regocijo será ése!
